Cómo dejar dinero a alguien cercano sin que se vuelva incómodo

14 de septiembre de 2026 · 6 min de lectura

Antes de transferir nada, acordad cinco cosas y ponedlas por escrito: cuánto, para qué, cuándo se devuelve, en cuántas veces y qué pasa si un mes no puede. Diez minutos de conversación incómoda ahora evitan meses de silencio incómodo después. El préstamo no estropea las relaciones; lo que las estropea es la ambigüedad.

Dos figuras a cierta distancia sostienen cada una un extremo de la misma cuerda sobre una línea graduada

¿Debería prestar este dinero?

Antes de las condiciones, la decisión. Tres preguntas honestas:

¿Puedo perderlo? No «me fastidiaría», sino si podrías perderlo sin que afecte a tus planes. Si la respuesta es no, presta menos o no prestes.

¿Sé para qué es? No para juzgarlo, sino porque cambia todo. Un dinero para una fianza tiene fecha de recuperación; un dinero para tapar un agujero suele ser el primero de varios.

¿Podré decirle que no la próxima vez? Prestar crea precedente. Si sabes que no vas a poder negarte a una segunda petición, considera que la cifra de hoy no es la cifra final.

Si alguna respuesta te incomoda, tienes tres salidas: prestar menos, regalar una cantidad menor y decirlo claro, o decir que no. Las tres son mejores que prestar a disgusto.

¿Qué hay que acordar antes de prestar?

Cinco cosas, y ninguna es negociable:

Qué Por qué importa
Importe exacto Evita el «te di algo más, ¿no?» de dentro de un año
Fecha o fechas de devolución Sin fecha no hay retraso, y sin retraso no hay conversación posible
Número de cuotas Cien euros al mes se pagan; mil de golpe se posponen
Medio de pago Transferencia en ambos sentidos, nunca efectivo
Qué pasa si un mes falla Acordarlo en frío evita improvisar en caliente

La quinta es la que casi nadie acuerda y la que más conflictos evita. Basta con algo tan simple como «si un mes no puedes, me avisas antes del día 5 y lo movemos».

¿Hay que hacer un contrato?

Depende del importe, pero algo por escrito siempre.

Para cantidades pequeñas, un mensaje claro basta: «Te presto 500 € hoy y me los devuelves el 15 de octubre. Sin intereses». Fechado, guardado, y ambos lo tenéis.

A partir de unos cuantos miles de euros conviene un documento privado firmado, con identificación de ambos, importe, calendario y firma. No hace falta notaría.

Y en cualquier caso hay un trámite fiscal: el prestatario debe presentar el modelo 600 ante su comunidad autónoma en 30 días hábiles. Está exento de pago, pero es obligatorio, y es lo que impide que Hacienda pueda tratar la operación como una donación.

¿Cómo lo planteo sin que parezca desconfianza?

Es el punto donde todo el mundo se atasca, y se resuelve con el encuadre.

No lo presentes como protección tuya, preséntalo como claridad para los dos. «Lo escribimos para que ninguno se líe con las fechas» es cierto y no ofende a nadie.

Ayuda hacerlo antes de decir que sí, no después. Si primero aceptas y luego pides condiciones, parece que te has arrepentido. Si las condiciones forman parte del sí, forman parte del favor.

Y si la otra persona se ofende porque quieres escribirlo, eso es información. Alguien que va a devolver el dinero no tiene nada que perder por escribirlo.

¿Y si quiero ayudar pero no prestar?

Es una opción legítima y a menudo la mejor. Regalar 300 € cierra el asunto hoy; prestar 1.000 € lo mantiene abierto dos años.

Dilo con esas palabras: «No puedo prestarte mil, pero te doy trescientos y no me los devuelvas». Es más generoso de lo que parece, porque le ahorra a la otra persona la deuda y a ti la espera.

Lo que hay que retener

Decide primero si puedes permitírtelo. Acuerda cinco cosas. Escríbelas, aunque sea en un mensaje. Transferencia siempre. Y presenta el modelo 600 si el importe lo merece.

El objetivo no es blindarte frente a alguien de confianza. Es que dentro de seis meses ninguno de los dos tenga que recordar de memoria lo que acordasteis.